Ese lugar es el único en el que te sientes libre, en el que puedes ser tal y como te gusta ser y no como los demás esperan que seas. No hace falta hablar, el susurro de las aguas del río lo hace por ti. Sólo te tumbas y contemplas la rebosante tranquilidad, te relajas. El viento acaricia las hojas de los árboles y roza tus pestañas.
Entiendo que te guste pero no siempre es bueno estar tan sólo y alejarse de los demás. Llévame contigo allí, te prometo que no hablaré, que sólo me fundiré con el paisaje y no sentirás mi presencia. Quiero ir para que, cuando el río cambie de curso y no sepas dónde estás, me tengas al lado. Te recostarás en mi hombro y así los dos podremos compartir un nuevo un lugar solitario en el que ya no estarás tan sólo.
